lunes, 30 de agosto de 2010

Close To You

Y un día me enamoré de esta canción...



Why do birds suddenly appear
Every time you are near?
Just like me, they long to be
Close to you.

Why do stars fall down from the sky
Every time you walk by?
Just like me, they long to be
Close to you.

On the day that you were born
The angels got together
And decided to create a dream come true
So they sprinkled moon dust in your hair of gold
And starlight in your eyes of blue.

That is why all the girls in town
Follow you all around.
Just like me, they long to be
Close to you.

On the day that you were born
The angels got together
And decided to create a dream come true
So they sprinkled moon dust in your hair of gold
And starlight in your eyes of blue.

That is why all the girls in town
Follow you all around.
Just like me, they long to be
Close to you.
Just like me (Just like me)
They long to be
Close to you.

Wahhhhhhhhhhh, close to you.
Wahhhhhhhhhhh, close to you.
Hahhhhhhhhhhh, close to you.
Lahhhhhhhhhhh, close to you.


viernes, 30 de julio de 2010

Una cosita buena

Buscando material para clase he encontrado el libro "SOPA DE POLLO PARA EL ALMA" (el básico). Lo conocía desde hace tiempo pero no había leído nada de él. Los relatos son cortos y te hacen pensar, reflexionar como poco, en algún caso sonreir. Tirando del hilo he llegado hasta LEO BUSCAGLIA, un barbudo y efusivo profesor universitario bautizado en su día como "el apóstol del amor". Me ha llamado la atención su historia y, en general, me ha gustado su filosofía (algunos pasajes suenan un poco a secta, también hay que decirlo).
Dice Buscaglia:
"Es imposible que caiga una hoja de un árbol sin que nos afecte a todos y cada uno de nosotros. No hay lugar donde ocultarse. Todos influimos sobre los demás. Preciso es, entonces, que comencemos a tender puentes, de lo contrario las grietas serán tan profundas que jamás lograremos sortearlas. "
Recuerdo ahora a mi amado Mario cuando hablaba sobre su Táctica y Estrategia para tender puentes indestructibles con los demás sin telones ni abismos.
El mensaje del Doctor Abrazo es claro y sencillo; el amor mueve el mundo, no estamos solos, necesitamos a los demás y los demás nos necesitan a nosotros. Su obra "Vivir, amar y aprender" fue y sigue siendo un best-seller, y es considerado como uno de los mejores libros escritos en el ámbito de la educación entendida en un sentido amplio, aplicada en cualquier contexto, formal o no.
Su filosofía está bastante alineada con el pensamiento de Eduard Punset y Álex Rovira, entre otros. Dice también:
"Tuya es la decisión. Tú tomas el pincel, seleccionas los colores, pintas tu paraíso y vives en él. O pintas el infierno si lo prefieres, pero no me eches a mi la culpa de ello. Sólo tú eres responsable. La vida no es un fenómeno aislado sino una parte de la experiencia general, que constantemente ejerce o recibe la influencia de cada nuevo momento. ¿No te gusta la situación actual? ¡Cámbiala! Sé alguien distinto. Haz lo tuyo, y aprende de la experiencia. "
Os recomiendo, en esta línea también, un programa de la serie BRICOLATGE EMOCIONAL que emitieron hace unas semanas en TV3 y que habla sobre cómo somos nosotros mismos los que construímos la buena o mala suerte que nos ha de acompañar en la vida.
La Bona Sort
Y para terminar otra hermosa frase del " Mercader del Amor" y un regalito:
“Too often we underestimate the power of a touch, a smile, a kind word, a listening ear, an honest compliment, or the smallest act of caring, all of which have the potential to turn a life around.”


¿Hace una sopita de pollo? :-)

lunes, 12 de julio de 2010

La Revolución de los Humildes

No hubo patadas en el pecho, ni codazos en la cara, no hubo pérdidas de tiempo protestando lo improtestable ni rostros desencajados, no hubo carreras mortales de las que arrasan piernas y arrastran cuerpos ni crudos desesperos ante el reloj... Como dijo Xabi Alonso aún con el alma rota por culpa del holandés De Jong "A veces ganan los buenos". Y así ha sido... Y me resultaría muy sencillo instalarme en el discurso fácil (la prima a los jugadores), en la letanía nacionalista (la selección era el Barça) o en la retahíla derechona y cansina (España ya no se rompe). Me gustaría hoy destacar lo bueno de un deporte como el fútbol, que bastantes cosas malas nos trae a veces. El premio al esfuerzo, al trabajo en equipo, a la humildad, a la naturalidad (olé, olé y olé por Iker), al juego limpio, a la inteligencia, a la magia (Andrés te adoramos), a la contundencia y la perseverancia, a la esperanza y la ilusión por conseguir algo bonito sin necesidad de esconderse ni delante ni detrás de ninguna bandera. La Selección Española ha dado una lección magistral en momentos de tanta tontería como el que vivimos. Y no seré yo quién defienda los indecentes sueldos que se llevan (ese sería otro debate), pero, como siempre en todo, existe una parte positiva y hay que destacarla y aprehenderla. Un equipo en su mayoría formado por futbolistas nada mediáticos, de cerebro rápido y corazón pausado cuando toca, preocupados por su trabajo y locos por dar la alegría de alegrías a una afición que necesitaba una noche como la de ayer. Sí, hoy seguiremos con las mismas preocupaciones a cuestas, pero "que nos quiten lo bailao"; bastante habrán llorado ya algunos de los que andaban remojándose de madrugada en las fuentes de media España. Esta es la Revolución de los Humildes. Hoy en Terrassa, en Fuentealbilla, en Pamplona, en Tuilla, en Móstoles, en Fuenlabrada, en España en definitiva, todos somos un poquito LA ROJA (y no pienso hacer tampoco bromas comunistoides con este término). Gracias EQUIPO.




miércoles, 30 de junio de 2010

Cartas que siempre esperé

Todos hemos esperado alguna vez una carta... Incluso puede que alguna de esas cartas que esperábamos nunca llegara (yo, personalmente, tengo muchos pellizcos en el corazón). He terminado de leer estos días Cartas que siempre esperé de Maria de la Pau Janer. Es un libro que te engancha desde el principio, que va dejando entrever misterios y secretos y te deja pegado al papel durante páginas y páginas. La historia parte de una carta que llega demasiado tarde a su destino, de una mujer que muere esperando, de un hijo que vive a la sombra de esa misiva... Y estos días he pensado mucho en la cantidad de cartas que he recibido a lo largo de mi vida; también en las que yo he escrito, en las que nunca escribí y en las que dejé escondidas en una caja sin darles la oportunidad de que llegaran jamás a su destino (que son demasiadas). Cartas que iban dirigidas a familiares y amigos que quise y quiero, cartas de amor, de desamor, de buenos deseos, de felicidad, de tristeza, de ausencias... De vida en definitiva.
Especialmente he buscado y releído algunas cartas que para mí, estos días, cobran más sentido que nunca. El día 24 de junio se me fue un amigo, de esos especiales, de esos que a pesar de los años sin contacto siguen ahí, recordándote que hubo un tiempo en que la vida podía reir y sangrar al mismo tiempo. Un amigo que fue también mi amor en una época de mi vida, la primera juventud, en que el dolor desgarra cuando llega y la felicidad desborda sin mesura para jamás quedarse de forma definitiva. Todo con él fue así, del cielo al infierno, de la sonrisa más sincera al llanto más infinito. Me quiso. Le quise. Me odió y le odié como sólo un adolescente puede hacerlo, con la vida abierta en canal. No nos tocó vivir lo mejor de nuestra existencia, lamentablemente los planetas nunca se alinearon a nuestro favor, no tuvimos suerte, no pudimos ser. Pero me quiso y le quise y lo fuimos todo el uno para el otro. Ahora tenía 36 años, toda una hermosa vida por delante, una hija de ojos profundos y limpios y una buena mujer al lado. Su corazón se paró. Su corazón que siempre había albergado todo de todos, su corazón que siempre había ofrecido de manera generosa a quien lo necesitara, su corazón inmenso y ya eterno... Y el mío llora.


Estos días estoy triste. Le echo de menos, a él y a toda la gente que estuvo y no está (independientemente del tipo de ausencia). Y supongo que es normal. Me entristece lo que me duele, lo que no puedo entender. Me entristece lo que no es lógico y destroza vidas. Me entristece que las cosas pasen y muchas veces se queden ahí, esperando a que llegue el momento de un rescate que nunca llega.

Me escribió muchas cartas, cartas que siempre esperé; le gustaba soñar, como a todos entonces:

"Llega el otoño y la ciudad derrama estrellas sobre mí. La noche crece en el balcón y aún quedan sueños por cumplir".

Entonces y ahora; siempre quedan sueños. Miro a mis Pablos y sonrío. Él siempre quiso verme feliz a pesar de todos los dolores (que, por desgracia, no fueron pocos).

Mil abrazos al grupo y a la familia.
Jose, un beso estés donde estés.


jueves, 3 de junio de 2010

Cuando los besos curan

El beso “estimula la parte del cerebro que libera endorfinas en el torrente sanguíneo creando una sensación de bienestar”. Será por esto que mi hijo dice que los besos sirven para curar. Y si él lo dice...
Lo cierto es que no deja de ser una hermosa idea. Tan hermosa como científicamente demostrada. El beso, el cariño, en general, cura y, si no cura, como poco, alivia, calma, dulcifica, apacigua, atempera, atenúa cualquier tipo de dolor o sufrimiento; es más, los niños que no reciben cariño suficiente en sus primeros años de vida quedan marcados física y psicológicamente para el resto de sus días, evitándoles poder desarrollar patrones adecuados de conducta asociados al control del estrés y a las relaciones sociales.
Cuando estudiaba la carrera me impresionó poderosamente el concepto de "depresión anaclítica" también llamada "síndrome de hospitalismo". El término lo creó en 1945 el psicoanalista René Spitz para designar un síndrome depresivo sobrevenido en el curso del primer año de vida del niño, consecutivo al alejamiento brutal y más o menos prolongado de la madre. El trastorno presenta un terrible cuadro clínico difícil de imaginar y se puede dar en niños que viven abandonados en orfanatos o incluso en aquellos pequeños que pasan temporadas excesivamente largas ingresados en un centro sanitario. Por supuesto, y por desgracia, no es preciso un escenario concreto para abandonar a un niño; muchos de ellos, demasiados, sufren falta de cariño en entornos familiares aparentemente "normales".
Generalmente cuando un niño no recibe cariño suficiente en los primeros meses de vida puede producirse una regresión del desarrollo motor y, en general: decaimiento, pérdida progresiva de peso, insomnio agudizado, debilitamiento de las defensas del organismo frente a las infecciones que se repiten constantemente, llegando tristemente a un estado de miseria física que les lleva a olvidar sonreir e incluso deriva en un mutismo trágico . Y lo que me parece más horrible: la muerte.
El único tratamiento curativo del síndrome es el CARIÑO intensivo. Volvamos al principio; los besos curan. El beso del padre o la madre, del hijo o la hija, del amigo, del amante... Los besos curan.

"Los niños criados sin amor acaban siendo adultos llenos de odio."(Kardiner) En estos momentos seguro que todos estamos pensando en alguien a quien no le dieron demasiado cariño de pequeño. Alguien que dejó de sonreir, que mantuvo silencios extraños para su edad, que perdió el brillo de su mirada porque le faltaban abrazos. Todos los niños deberían de ser felices. Los adultos, por extensión, también lo seríamos. Los besos sólo cuestan ganas. Y ganas deberían de sobrarnos para hacer cosas buenas...

miércoles, 19 de mayo de 2010

La esperanza es el sueño...


No te dejará dormir este estrépito infinito
que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos.
Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar
las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás.
Ruido de patriotas que se envuelven en banderas,
confunden la patria con la sordidez de sus cavernas.
Ruido de conversos que, caídos del caballo,
siembran su rencor perseguidos por sus pecados.

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Ruido de iluminados, gritan desde sus hogueras
que trae el fin del mundo la luz de la diferencia.
Ruido de inquisidores, nos hablan de libertades
agrietando con sus gritos su barniz de tolerantes.
Nunca pisa la batalla tanto ruido de guerreros,
traen de sus almenas la paz de los cementerios.
Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto,
de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo.

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas...

Ismael Serrano (2007)
Gracias por tanto. Nos vemos.


lunes, 10 de mayo de 2010

Resiliente 100%

"La última noche fue tranquila. Me levanté a las 6h de la mañana, como cada día aquel verano, para ir a trabajar. Entré en la habitación y di un beso a mis padres. Salí de casa y subí al coche. Sobre las 10h de la mañana un escalofrío me recorrió el cuerpo y a los pocos minutos mi sobrino de 11 años apareció llorando en la puerta de la panadería. En aquel preciso instante supe que mi padre había muerto. Me quité el delantal, cogí al niño de la mano y salí por la puerta de atrás para que nadie me viera llorar. Al llegar a casa le besé en la frente aún caliente, hablé unos minutos con el médico y empecé a ordenar la habitación consciente de que, en aquellos momentos, nadie lo haría. Después salí al rellano y me senté en el suelo. No sé cuántas horas pasé allí viendo entrar y salir gente. A pesar de ser agosto yo no sentía calor. La misa fue corta y el rato en el cementerio bastante llevable. La noche llegó serena contra todo pronóstico."




Estaba leyendo la otra tarde una vieja revista de psicología y redescubrí un concepto que me siempre me ha parecido interesante. Por eso decidí, de pronto, compartir con vosotros una de las esquinas más rotas de mi vida. Mi historia. Las dos historias.

"La noche no fue nada tranquila; la pasé colgada al teléfono hablando con los sanitarios de urgencias que, siguiendo su para mí maldito protocolo, me ordenaban darle paracetamol cada 4 horas (mi padre tenía fiebre central y se moría de cáncer). No tuve que levantarme a las 6h de la mañana porque nunca llegué a acostarme. Avisé a mis hermanos, besé a mi padre sin querer pensar en lo que ese beso significaba y me fui a trabajar. Pasé llorando toda la mañana y todo el mundo me vio hacerlo. Estaba triste y cansada. Mi sobrino llegó para darme la mala noticia y yo, sin quitarme el delantal, lo cogí de la mano y crucé corriendo la tienda que ya había abierto y estaba llena de clientes. Cuando llegué a casa me abracé al cuerpo de mi padre y, al cabo, alguien se acercó para llevarme de él. Eso sí, no sé cuántas horas pasé sentada en el rellano de la escalera viendo entrar y salir gente. La misa fue eterna, el rato en el cementerio intragable y el calor sofocante me dificultaba la respiración. Aquella noche no pude dormir; ni aquella ni muchas otras que estaban por venir."

Respiro hondo...


En todo esto que acabáis de leer consiste la RESILIENCIA. Una capacidad innata que, en mayor o menor medida, todos los humanos poseemos para superar las desgracias que acontecen en nuestras vidas y que nos ayuda a sobrevivir al dolor y al vacío vital (pensemos en Mauthausen, tan de actualidad estos días). Mi mente inventó una historia para poder enfrentarme a una tremenda situación de pérdida. Durante mucho tiempo dudé entre realidad y ficción; quise creer, porque me ayudaba a salir de lo que los especialistas llaman trastorno por estrés postraumático, que la actitud serena y reflexiva que normalmente me acompaña no me había abandonado en aquellos momentos, que había sido capaz de gestionar las emociones de manera que fueran menos punzantes, que, en definitiva, había conseguido controlar el dolor y sobrellevar la pérdida dulcemente. Y aunque nada estaba más lejos de la realidad, aquel teatrillo emocional me ayudó a sobreponerme y me rescaté del horror.

Por todo esto os quiero regalar una esperanza. La resiliencia existe y, además, se puede educar. De la mano de la inteligencia emocional se está empezando a desarrollar y trabajar en contextos humanos donde el sufrimiento acaece (actos violentos, muertes, accidentes, enfermedades graves, desastres naturales, pérdidas súbitas, violaciones...) y, lo más novedoso, se está utilizando con grupos de adolescentes que viven en riesgo de exclusión social y también en educación de preescolares sometidos a entornos marginales. Para saber un poco más os recomiendo el libro de Luis Rojas Marcos "Superar la adversidad: el poder de la resiliencia".

Una infelicidad no es nunca maravillosa. Es un fango helado; un lodo negro; una escara de dolor que nos obliga a elegir: someternos o luchar. Luchemos, pues. No olvidemos nunca el camino de regreso. Fuera, siempre amanece.